Si mezclamos 2 cucharadas de óxido de zinc con 5 cucharadas de aceite de sésamo, aloe vera y vitamina D obtenemos un fotoprotector solar con un SPF de 30. Así de simple.
¿Por qué firmas cosméticas invierten tanto dinero en crear nuevas fórmulas cuando existen recetas caseras tan sencillas?
Hay tantas variaciones de cremas solares caseras, como recetas de gazpacho. Aceite de frambuesa o de coco, dos o tres cucharadas dependiendo del SPF que queramos alcanzar o unas gotitas de aceites esenciales (potencialmente alérgenos y fotosensibilizantes) para que huela un poco mejor.
Lo cierto es, que aunque realmente esta mezcla tuviese un SPF30, nunca lo sabremos. Ya que nunca se someten a ningún control de calidad ni se mide su SPF real.
Que la investigación y desarrollo de nuevos materiales aumenta de manera estrepitosa es algo cada vez más tangible, cada mes salen nuevos productos con nuevas propiedades y qué prometen de todo. En el caso de las cremas solares hoy en día tenemos lineas de productos específicas para cada tipo de piel, con diferentes acabados o formas de aplicación. Las hay matificantes, resistentes al agua o hidratantes. Nos prometen protección, formulas ligeras y transparentes.